"En la naturaleza solo hay cosas bonitas, no feas" - Julieta, 4 años.

La naturaleza es uno de los más importantes sujetos de nuestro proyecto educativo, que da vida a nuestra cotidianidad. Ésta nos invita, acoge, guía y conecta. Como comunidad educativa hemos decidido tomar consciencia plena de su existencia, acercarnos a ella desde una mirada atenta, empática, respetuosa y con un fuerte interés de aprendizaje y juego. “El jardín nos pide que nos paremos, que nos detengamos un momento. En el jardín hay un ocio fecundo.” Ritscher, P.

Al inicio del semestre le preguntamos a los niños: ¿qué es naturaleza? Sus respuestas fueron concretas, hermosas y provocadoras: un palo (Rafael), los árboles salen en el jardín (Clara), las tucas (Marianne), no podemos arrancar flores (Fuad), es llover de día y de noche (Alan), es andar en el zacate con los elefantes y con los papás (Beatriz). También le preguntamos a las familias y estas son algunas de sus respuestas: La naturaleza es todo, nosotros somos naturaleza... no la apreciamos tanto como deberíamos hacerlo, por tenerla tan cerca y tan inmediata. (Denise). La naturaleza es todo lo que nos rodea, es esa fuerza mágica que lo crea todo, es la fuerza con la que nos tenemos que conectar todos los días para estar saludables...(Jimena).

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Como equipo Bellelli, nuestro proceso investigativo ha estado enfocado en la observación de la experiencia cotidiana de los niños y adultos en la naturaleza y también revisando distintos autores como: Richard Louv, Penny Ritscher y Gregory Bateson. Nuestra intención inicial fue partir de este gran sujeto y hacer una lectura de los niños y su diálogo con el entorno natural. Sabemos de los muchos beneficios que tiene para el ser humano crecer en armonía con la naturaleza, y como proyecto educativo nos interesa promover y abogar porque todos los niños tengan experiencias significativas, y así aprovechar al máximo esta interacción. El adulto, por tanto, acompaña estos descubrimientos desde el asombro y la interpretación.

Desde sus inicios, Bellelli dio prioridad y decidió invertir en amplios jardines para niños y adultos como espacios de aprendizaje, porque reconocemos el valor que tiene para la persona en crecimiento estar en diálogo con la naturaleza. Nuestros jardines son 70% más grandes que el promedio en otros centros infantiles. Este contexto 90% libre de objetos artificiales ha logrado afinar la agudeza de los niños en la escucha de los pájaros, el viento, las gallinas; también ha posibilitado que los niños aprendan cuándo están listos los frutos de los árboles, adónde encontrar buenos palitos y ramas secas para jugar, cuáles elementos suenan y cuál es la mejor sombra o microclima dentro del inmenso jardín. Para las familias trae una especie de añoranza que conecta con su infancia y todos los recuerdos sensoriales asociados. Al mismo tiempo, una especie de solución para las familias, ya que de lo contrario no tienen otros espacios naturales donde convivir diariamente, porque ahora generalmente se vive en torres o en casas con poca o ninguna área verde.

Para nosotros, el jardín es un educador más lleno de sorpresas y libertad, con espacios íntimos y espacios de apertura, es un laboratorio de vida e imaginación, y por lo tanto debemos reconocerlo y valorarlo. Éste nos confronta y nos da una mirada de los niños distinta de su experiencia en espacios interiores, desde sus intenciones de niños y con más autonomía incluso para vivirlo cada uno a su manera. El jardín es un derecho de los niños, así como lo es el derecho al juego. “Así como los niños necesitan buena nutrición y adecuado sueño, ellos también necesitan contacto con la naturaleza.” Richard Louv

¿Cuáles entonces son los beneficios físicos, emocionales y cognitivos del tiempo de calidad de los niños Bellelli en la naturaleza? De acuerdo a Penny Ritscher, “en el jardín los niños proyectan, deciden, acuerdan y realizan, siguiendo una lógica propia. Es una lógica secreta, en el sentido de que a un adulto le puede parecer ilógica.” Dicho en otras palabras: los niños tienen la oportunidad de autorregularse, tomar decisiones, sentir, amarse, responsabilizarse, aprender en equipo, colaborar, organizarse, ser creativos, encontrar soluciones a problemas simples o complejos, definir metas y cumplirlas, mientras aprenden en el camino. La naturaleza le enseña a los niños sobre amistad y las fortalece, a través de experiencias compartidas y donde se involucran todos los sentidos. “La exposición a la naturaleza puede mejorar todas las habilidades cognitivas de los niños y la resistencia a estrés negativo y depresión.” Richard Louv.

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Al no tener contacto con naturaleza, los niños “disminuyen su uso de los sentidos, se presentan dificultades para la atención y un mayor porcentaje de enfermedades emocionales y físicas. Además, entre más alejados crezcamos de la naturaleza, más nos separamos unos de otros físicamente.” Richard Louv llama a esta fenómeno: desorden de deficiencia de naturaleza, el cual puede ser detectado de manera individual, en familias e incluso comunidades.

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Es nuestra responsabilidad brindar a los niños estos espacios, abogar porque muchos otros más los tengan o puedan acceder a ellos, para así aprovechar sus beneficios ahora y para el resto de sus vidas. Así como debemos preocuparnos de preservar la naturaleza, amarla y respetarla, también debemos salvaguardar el asombro y calidez del niño con la naturaleza. Como proyecto educativo, debemos apuntar a escuelas con inmersión total en ambientes naturales y así formaremos seres humanos más integrales, conscientes, sanos y sensibles.

El tiempo en la naturaleza no es tiempo de diversión, es una inversión esencial en la salud de los niños (y a la vez, en la nuestra).
— Richard Louv